La escasez de gas natural llegó a un punto crítico esta semana,
tanto que el propio gobierno tuvo que reconocer que sólo los hogares
y pequeños comerciantes tienen suministro asegurado. Mientras surgen
posibles vías de escape desde Perú, el sostenido uso de energías
alternativas -como el carbón y diesel- podrían provocar un serio
deterioro de la calidad del aire. Eso sin contar con las insospechas
consecuencias económicas que significaría la dilación del conflicto.
“Los chilenos deben olvidarse que el gas es barato, porque ya no
hay gas. Esta semana sólo las residencias y las pequeñas empresas
tienen el suministro asegurado”. La tajante afirmación del ministro
de Economía, Jorge Rodríguez Grossi desató un torbellino de
especulaciones y vino a confirmar la instalación de una crisis
anunciada.
Mientras los ejecutivos de ENAP sostienen que la emergencia debe
enfrentarse recurriendo al gas licuado para hacer frente a los
recortes del combustible trasandino; el secretario general de la
Asociación de Distribuidores de Gas Natural, Carlos Cortés, cree que
el nivel crítico de desabastecimiento no debiera extenderse más allá
de esta semana. “El próximo lunes culminan en Argentina los trabajos
de mantenimiento de pozos que se han llevado a cabo en el último
tiempo, por lo que los productores debieran comenzar a funcionar a
su máxima capacidad”.
En tanto, el ofrecimiento de Perú de construir un gasoducto hacia
Chile, para mitigar el conflicto con Argentina, surgió ayer como un
salvavidas más que tentador. Pero todo está en veremos (ver
recuadro).
Lo que todos tienen claro es que urge una pronta solución, pues
el desabastecimiento de gas podría traer otra serie de coletazos
inesperados, que van desde serios problemas ambientales y sanitarios
hasta macroeconómicos.
Más contaminación
La falta de gas trae consigo inminentes costos ambientales, al
incorporar como alternativas fuentes energéticas más contaminantes o
menos limpias -como carbón o diesel- lo cual provocará un impacto
negativo en la salud humana por los mayores índices de polución.
Estudios ambientales desarrollados hace un par de años por Luis
Cifuentes y Jeannette Vega, en la Escuela de Ingeniería de la
Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), demostraron que unos
550 santiaguinos pueden llegar a morir cada año frente a la
exposición aguda a los altos niveles de contaminación por material
particulado.
De esta manera, atrás queda el mito de que la contaminación no
tiene efectos nocivos en la salud, ya que en el corto plazo, los
estudios de la PUC y de otros centros de investigación
internacionales, han demostrado que existe una correlación positiva
entre muertes por enfermedades cardiovasculares y/o afectados por
enfermedades respiratorias crónicas.
“Frente a la crisis del gas y la irrupción de sustitutos
energéticos en las industrias, si esto no se mitiga oportunamente,
en el largo plazo la contaminación causaría el deceso prematuro de
las personas. Diversos expertos acusan que la contaminación ha
reducido la esperanza de vida en 10 a 15 años”, comentó el
ingeniero comercial
Ricardo Raineri, analista e investigador del departamento de
Ingeniería Industrial y de Sistemas de la PUC, en el marco de un
seminario internacional sobre suministro de gas natural efectuado
ayer en el Hotel Crowne Plaza.
Raineri dijo a La Nación que el panorama no es muy alentador en
este sentido y que “a mi no me gustaría estar en los zapatos del
ministro de Economía, porque en el corto plazo no hay mucho donde
echar mano para sortear la crisis. Para este año, las opciones que
tiene el gobierno y las grandes empresas del sector productivo son
tremendamente limitadas y no es mucho lo que se pueda hacer”.
Efectos económicos
Producto de las restricciones de recorte de gas, Raineri también
prevé una tendencia al alza de los precios del gas natural, la cual
afectará a los consumidores de este tipo de energía. Pero -indica-
que todo depende de las políticas comerciales que siga cada una de
las compañías distribuidoras y de los vaivenes que ocurren en el
mercado de los combustibles sustitutos.
“Aun cuando las reservas de petróleo y gas han aumentado en los
últimos años, el aumento en la demanda de ambos no se ha visto
acompañada por un aumento equivalente de la infraestructura de
producción. Por ello desde enero de 2000, el mercado ya preveía que
el gas costaría más caro a diciembre de 2005”, sentencia el analista
de la PUC.
Por otro lado están los costos que deberán asumir las grandes
empresas. Si antes de la crisis la industria eléctrica pagaba US$ 70
mil por cada mm3 (millones de metros cúbicos) de gas natural, por la
conversión a diesel el costo se dispara a US$ 230 mil.
Por su parte el economista de la Escuela de Negocios IAE, de
Argentina, Ariel Casarin, sostiene que las restricciones de gas para
los grandes usuarios terminarán generando en Chile focos de
inflación y deterioro de la balanza comercial. Además alerta sobre
la existencia de prácticas abusivas por parte de un exportador con
poder de mercado.
“Chile debe entender que no hay solución al problema de
suministro en Argentina, ya que no hay como racionar el exceso de
demanda, producto de la falta de inversiones privadas en el área,
después de la devaluación de la moneda en Argentina”, dijo.
Raineri, en tanto, explicó que otro de los efectos
macroeconómicos que puede generar la dilatación de esta crisis es la
generación de desempleo, producto del deterioro en la balanza
comercial.
Así se quejó también ayer el secretario general de la Sociedad de
Fomento Fabril (Sofofa), Andrés Concha, quien indicó que las
pérdidas del sector -que llegarán al menos a los 500.000 dólares
diarios- podrían generar despidos, ya que existe un 20 por ciento de
las industrias que no han adquirido equipamiento necesario para
funcionar con otro
combustible.